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El té blanco de Taiwán es una de las categorías más raras y escasas del panorama del té asiático. Aunque Taiwán es reconocido mundialmente por sus oolong, algunos productores elaboran pequeñas partidas de té blanco como expresión extrema de delicadeza y respeto por la hoja. Estas producciones son limitadas, estacionales y muy poco comunes, lo que convierte al té blanco taiwanés en una auténtica rareza.
Desde la medicina occidental, el té blanco es apreciado por su alto contenido natural en antioxidantes y por su suavidad general, siendo un té ligero y fácil de beber. En la Medicina Tradicional China, el té blanco se considera de naturaleza refrescante y se asocia principalmente al Pulmón, órgano vinculado a la piel, la respiración y la regulación de los fluidos. Por ello, se valora como un té que aporta claridad, frescura interna y equilibrio, especialmente adecuado para consumo consciente y pausado.
A diferencia de las grandes zonas históricas del té blanco en China, el té blanco de Taiwán surge como una reinterpretación moderna y artesanal. La altitud, el clima húmedo y la experiencia técnica de los productores taiwaneses dan lugar a tés blancos limpios, equilibrados y con una identidad propia, alejados de producciones estandarizadas.
Estos tés blancos suelen proceder de zonas de montaña, donde el crecimiento lento de la planta concentra aromas y suaviza la hoja. La producción es reducida y depende estrechamente de las condiciones climáticas de cada año, lo que hace que muchos lotes sean irrepetibles.
La elaboración comienza con la recolección manual de brotes y hojas jóvenes, manipulados con extremo cuidado para evitar daños.
Las hojas se extienden en capas finas y se dejan marchitar lentamente al aire, ya sea al sol suave o en interior. Esta es la fase más larga y definitoria del proceso, donde la hoja pierde humedad y comienza su transformación natural.
Una vez alcanzado el nivel adecuado de humedad, el té se seca a baja temperatura para estabilizar la hoja sin alterar su carácter delicado.
Al igual que otros tés blancos, el té blanco de Taiwán puede evolucionar con el tiempo. Durante el almacenamiento adecuado, pierde notas verdes y desarrolla perfiles más dulces y redondos, ganando profundidad sin perder elegancia.
En taza, ofrece un licor claro y brillante, con aromas suaves, florales y melosos, textura ligera y una sensación limpia y persistente. Es un té de contemplación, ideal para quienes buscan sutileza y profundidad sin intensidad agresiva.
En Kiyama Tea seleccionamos tés blancos de Taiwán auténticos y escasos, producidos en pequeños lotes y pensados para quienes desean explorar las expresiones más raras y delicadas del mundo del té.
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